Aviso

La conmoción de Charlottesville, Virginia, está resonando en todo el mundo. El turbulento río de odio que retumbó por la ciudad destacó un panorama de paranoia: barras y estrellas, suásticas, insignias Nazi, cruces del Ku Klux Klan y gorras con mensaje de Trump.

Son la cara oculta de Estados Unidos—ahora descubierta para que todos la vean. Son ‘América.’

Son el filo de la navaja de los millones que escucharon a Trump decir que Obama nació en África. Esto es el trumpese que dice con un guiño del ojo, “Él no es de nosotros. No es un americano de verdad, como nosotros. ¿Comprenden?”

Fue durante el velorio del Comandante Raulito, cuando decidí grabarla. Era una historia que me contaba y me contaba y que repetía con el mismo entusiasmo de la primera vez. Eso tal vez fue lo que motivó la grabación. De seguro que aprovechaba los momentos de poca ocupación para devolver el cassette.
Todo empezó cuando recordaba a una niña que se sentía orgullosa de desfilar con su traje y boina rojos, acompañando a su hermano en las marchas y en las luchas sociales en la primera mitad del Siglo XX.
Esas tempranas experiencias habrían de marcar su carácter; tal como habría de expresarse cuando acompañaba las invasiones en el barrio Siloé, efectuadas por personas desplazadas por la violencia desde la zona cafetera. Su familia también había tenido que salir huyendo del norte del Valle; el recuerdo de tantos momentos difíciles, encendía la solidaridad en su pecho juvenil.

La Asamblea Nacional Constituyente (ANC) se convirtió en la acción dinámica del pensar y sentir del pueblo venezolano, destacó el profesor y filósofo mexicano Fernando Buen Abad.

“Desde el domingo pasado 30 de julio (elecciones de la ANC) estamos ante un país distinto. Venezuela se encuentra ante el umbral de una gran transformación cultural, política, económica gracias a su Constituyente, y tenemos que ser capaces de entender esta dinámica. La ANC esplendor de esplendores en la voluntad popular que enfrentará aspectos económicos, sociales, culturales, políticos y comunicacionales”, resaltó durante su participación el programa Encendidos, transmitido este lunes por Venezolana de Televisión.

por Thierry Meyssan


Cuando los yihadistas atacaron su país, en 2011, la reacción del presidente sirio Bachar al-Assad fue inversa a la que se esperaba. En vez reforzar los poderes de los servicios de seguridad, optó por reducirlos. Seis años más tarde, su país está saliendo victorioso de la guerra imperialista más grande que se haya visto –después de la desatada contra Vietnam. Ese mismo tipo de agresión está teniendo lugar en Latinoamérica, donde suscita una respuesta mucho más clásica. Thierry Meyssan expone la diferencia de análisis y estrategia del presidente de Siria –Bachar al-Assad–, por un lado, y los presidentes de Venezuela –Nicolás Maduro– y de Bolivia –Evo Morales. No se trata de establecer una especie de competencia entre estos líderes sino de llamarnos a ir más allá de los esquemas políticos y a tener en cuenta la experiencia de las guerras más recientes.

El fondo su discurso es el mismo: variantes de un guión dictado desde Washington, reciclado por sus acólitos neocoloniales y lanzado por los “medios independientes”.

En los últimos días, en coincidencia con la decisión de Cambiemos [partido de derecha que gopbierna Argentina] de hacer de Venezuela uno de sus ejes de campaña, fui sometido a un ataque sin precedentes desde las ciudadelas de la oligarquía mediática argentina a propósito de mis opiniones acerca de lo que está ocurriendo en aquel país. Periodistas y académicos unieron sus fuerzas para no sólo disentir con mis ideas sino también para lanzar toda suerte de agravios