Aviso

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, pronuncia un discurso contra EE.UU. en un mitin en Caracas, el 14 de agosto de 2017.

Rusia, 145 millones de habitantes; China, 1.380 millones; Turquía, 80 millones; Irán, 80 millones. Las cifras hablan por sí solas. El mundo no es únicamente Estados Unidos y Europa a pesar que no haya que restarle importancia a su influencia global.

Sin embargo, en este siglo XXI, el cambio geopolítico y geoeconómico es evidente. El BAII es casi tan poderoso como el FMI; el grupo de los BRICS es igual de dinámico que el G7. La ruta de la seda tiene un potencial tan o más relevante que el de otros espacios tradicionales. Se mire por donde se mire, la unipolaridad se acabó.

 

Los empresarios son de hecho y derecho quienes deciden sobre las reservas de recursos naturales del planeta para la vida. Su objetivo es utilizarlos para aumentar su riqueza.

Uno de sus métodos es obligar a comprar permanentemente artículos que pierden intencionadamente su funcionalidad.

Adiós a los primeros iPhone y Nokia: firmas telefónicas eliminan las redes 2G en todo el mundo

 

Los cuatro países con el pretexto de desarrollar la cooperación militar, harán ejercicios en el área llamada “Cabeza de cachorro” y conocerán de cerca el teatro de operaciones para una eventual acción armada contra Venezuela, a partir del Sur de ese país.

 La conocida analista e investigadora  brasileña, Cruvinel, respetada periodista política del medio

 

El artículo de Ezequiel Adamovsky “Qué hacer con el microfascismo”[1] produjo un fuerte impacto, nos ubicó frente a un problema que no habíamos profundizado lo suficiente, que no habíamos comprendido es su especificidad, que nos hace sentir que estábamos atrasados en la comprensión de época.

No era difícil de comprender la campaña del gobierno para embarrar la cancha, desviar hacia falsos culpables, etc., en relación a la desaparición forzada de Santiago Maldonado.

Rafael Ramírez Carreño 

Solía decir un viejo amigo que en política lo más peligroso es lo que no se ve. Expresión muy adecuada para describir una situación política que se va complicando peligrosamente porque los factores o causas que la originan pasan desapercibidas por los que toman decisiones, bien porque no se valoran correctamente o porque son subestimadas. Cuando este fenómeno avanza se genera un efecto explosivo o desencadenante porque se ha producido una acumulación de factores que, no atendidos a tiempo o sencillamente postergados se combinan y potencian con efectos en algunos casos catastróficos para los estamentos políticos o los pueblos bajo su conducción.