
Avanza a marchas forzadas la onda criminal mundial. Igual que la piedra en el estanque produce olas expansivas, sucede con la ambición imperialista de Trump y Netanyahu basadas una y otra en la violencia. El primero con la política y económica contra el resto del mundo. El segundo, su aventajado discípulo, con la violencia criminal y cotidiana desatada contra sus vecinos árabes.
Los muertos ucranianos, palestinos, libaneses o sirios; los deportados por el gobierno yanqui, los rechazados, expulsados o discriminados en Europa exigen paz, justicia y reparación. ¿Tiene la ciudadanía mundial la energía necesaria para la defensa de esos nuestros semejantes que sufren guerras, persecuciones, exilios forzosos, genocidios, e indefensión bajo el poder militar y político al servicio de las grandes fortunas?
Vemos cada día cómo el conjunto de la Humanidad asiste a la política criminal sionista de Netanyahu. Su banda de psicópatas, bombardea sin descanso la Palestina entera, juegan al gato y al ratón con los que sobreviven a las bombas y les empujan a abandonar su país empujados por el miedo, la violencia militar indiscriminada y el asesinato. Y no conformes, atacan el Líbano o Siria con las excusas más peregrinas. ¿Con qué objeto, se puede preguntar cualquiera ante semejante barbarie expansiva a la que nadie es capaz de poner freno? Es evidente: Israel busca ampliar su espacio vital territorial extendiendo su poder militar por Oriente Medio, comenzando por los países más próximos y más débiles como es el caso de Líbano y el caso de Siria. ¿Cuáles podrían ir después?
La creación de un Gran Israel está siguiendo una clara hoja de ruta: Limpieza étnica, expulsión y exilio forzado de los supervivientes gazaties y cisjordanos, limpieza de las ruinas, y “lavado de cara territorial” para construir la Palestina sionista que vemos será aceptada internacionalmente como Israel. Inmediatamente lo sería por EEUU y después por Europa tras algunos aspavientos hipócritas de los acostumbrados. Luego, poco a poco por el resto. Qué gran soledad la de todos esos pueblos, indefensos ante la voracidad criminal. La llamada “comunidad internacional” alimenta a Netanyahu incesantemente con armas, bombas y apoyo político. Estos miserables y cómplices gobiernos europeos junto al norteamericano hacen buenos negocios. ¿Cuál es el límite de estas ayudas y de los deseos expansionistas de estos genocidas? Desde luego, no es creíble que lo impongan los países árabes, cuya doble moral es cada vez más al estilo occidental.
¿Por qué esa falta de valores que diferencian a un ser humano de una alimaña en el gobierno de Israel? ¿Por qué esa falta de conciencia ética, esa insensibilidad ante el dolor de los que sufren de tal modo, aún siendo todos musulmanes? Una vez más quedan retratadas las religiones falsamente cristianas tanto como las falsamente musulmanas que hablan de la paz y del amor pero nunca las practican, sino todo lo contrario.
¿Y los pueblos del mundo? Todos sabemos cómo se encuentran hoy: desengañados de la política, indiferentes en general a los valores espirituales -aunque se declaren de esta o aquella religión, es lo mismo- distraídos de mil y una maneras, desinformados, indiferentes, engañados con el pensamiento único, divididos y amedrentados. Esta es la causa de que tampoco en Occidente exista un frente común de repulsa y acciones concretas sostenidas por todo el mundo tanto contra el expansionismo imperialista de un Netanyahu como contra el de su mentor, protector y garante Donald Trump.
Sin embargo, somos los pueblos de toda la Tierra- porque los pueblos somos un solo pueblo aunque nos pongan fronteras- los que tendremos la última palabra si somos capaces de utilizar nuestro poder: el del número, el de la unidad de acción contra toda invasión, contra toda explotación, contra todo genocidio. Ese poder nace del amor en última instancia. Ese poder impone la paz mundial. Y no hay otro poder capaz de eso mismo: ni el militar, ni el político. Acaso podría contar con la ayuda de los medios de comunicación si alguna vez dejaran de estar en las mismas manos que son las manos de los hoy pagan genocidios y guerras en cualquier parte del mundo. Así que abandonemos esa esperanza: siempre traicionan la verdad.